La mujer madura sabe lo que realmente quiere. Se conoce lo suficiente a sí misma para saber dónde,
 cuándo, cómo y con quién quiere realizar algo, sin importar el qué dirán, y aún muchas veces
 por encima de la opinión de su pareja; esto es sinceridad.

La mujer madura nunca se involucra en un escándalo. Si descubre una infidelidad, no
 se pondrá a la altura de ninguna otra mujer, sino que conservará su compostura
 con firmeza y decisión, pero sin vacilar un instante para poner en su sitio
 a quien la traiciona; esto es dignidad.


La mujer madura conoce sus atributos y no siente temor ni celos de reconocer
 los de otra mujer aunque no sea de su agrado, porque
ella sabe que para cada quién existe su cada cual; esto es equidad.


La mujer madura no necesita que su pareja le de un calendario de actividades para ella
 saber dónde está y qué hace, porque se siente ama y señora de la situación; esto es seguridad.

La mujer madura no revisa a su pareja cuando llega ni le despierta a media noche para
 preguntarle qué está pensando, sabe que su compañero está con ella
 y no necesita reafirmar su seguridad en sí misma con estos detalles; esto es carácter.


La mujer madura mantiene su espacio y no invade el de su pareja, sabe reconocer
 que no es propiedad ni tampoco propietaria de nadie, porque tiene amor
por sí misma y por su compañero; esto es respeto.


La mujer madura sabe aceptar las diferencias de gustos sin hacer pataletas
 para salirse con la suya, acepta sus derrotas sin manipular la situación; esto es humildad.

La mujer madura no se guarda una palabra de apoyo o un gesto de aprobación, porque
 conoce el valor de sentirse apreciada; esto es generosidad.

La mujer madura no busca vengarse con las mismas armas, ella
 conoce el dolor que ocasiona y cuánto lastima una palabra o un
 gesto inoportuno; esto es lealtad.

La mujer madura no teme decir la verdad de una manera clara y serena
sin enmascarar sus sentimientos pero sin lastimar al otro; esto es honestidad.

La mujer madura no necesita poner un espía detrás de nadie, a ella le basta
 una mirada para develar el alma de quien comparte su vida; esto es confianza.


La mujer madura ha aprendido a interpretar la vida, conoce su lugar
 y lo asume con propiedad porque conoce su papel en la vida,
ama simplemente y se deja amar; esto es sabiduría.

Luis A. Cáceres Gómez

 

      

 

©Selin Diseños-Todos los Derechos Reservados/New York Febrero 2014